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  • Fallece a los 81 años Robert Altman, la conciencia crítica del cine norteamericano
    Nominado cinco veces al Oscar, tuvo que conformarse con una estatuilla honorífica.
    El prestigioso director norteamericano Robert Altman, padre de la vanguardia del cine moderno, falleció el pasado lunes en un hospital de Los Ángeles a los 81 años. El creador de 'Nashville', que ha muerto por causas que aún se desconocen, se convirtió con el paso del tiempo en la conciencia crítica del cine estadounidense. Con fama de irónico y errático, se caracterizaba por filmar historias novedosas, arriesgadas, que rompían con los clichés encorsetados de la industria más poderosa del mundo.

    Altman nació en Kansas City en 1925. Hijo de un agente de seguros y de una madre católica, fue educado por los jesuitas, para, a continuación, graduarse en ingeniería y alistarse en las fuerzas aéreas de su país, donde sirvió en bombarderos durante la II Guerra Mundial. Tras ser desmovilizado se dedicó a la filmación de películas publicitarias, hasta que en 1957 pudo rodar su 'ópera prima': 'Los delincuentes', seguida de 'The James Dean Story'. El fracaso comercial de ambas cintas le llevó al mundo de la televisión, donde dirigió episodios de diversas teleseries, incluida 'Alfred Hitchcock Presenta'.

    De regreso a la gran pantalla, durante más de 10 años y a lo largo de 15 películas, desde 'M.A.S.H.' hasta 'Popeye', Altman realizó un cine muy arriesgado, por lo que pronto se le colgó el sambenito de inconformista. Eran cintas lunáticamente a contracorriente, dispares incluso de sí mismo. Algo que le diferenciaba de otros cineastas de su generación, encantados con hacer un cine siempre de la misma manera.

    Seguramente el secreto de su dispersión era una estrategia personal, como le confesó en su día a otro gran director, Bertrand Tavernier: «Ni me gusta la noción de continuidad dramática, ni creo que sea necesaria. En lugar de eso, prefiero dibujar un círculo que me sirva como límite y dentro de él imaginar o recrear elementos que pueda colocar en cualquier orden o, por lo menos, no en ese tipo de orden que procede del teatro clásico».

    Si a eso añadimos su peculiar sistema de trabajo, que incluía esa táctica tan provechosa como poco dramática que consistía en rodar las películas por el mismo orden en que se desarrollaba la acción -encantado de que un imprevisto del rodaje o cualquier ocurrencia interesante del equipo y los actores permitiera cambiar el sentido de una secuencia o la dirección del final-, ahí tendremos la diferencia entre los directores que se lamentan de que su película no se parezca más al guión que habían planeado, y los filmes de Altman, todos tan imprevisibles, tan irrepetibles. Y aunque en su día las malas lenguas hablaran de él como de un desmitificador pretencioso, o de un crítico social con delirios de grandeza autoral, si hoy volvemos a admirar títulos como 'Nashville', 'Un largo adiós', 'Los vividores', 'El volar es para los pájaros', 'Una pareja perfecta', 'Búfalo Bill y los indios', 'Vidas cruzadas', 'Pret-A-Porter' y 'El doctor T y las mujeres', lloraríamos de pura añoranza.

    El genial rebelde

    En todo caso, Robert Altman siempre fue el hombre preciso en el momento adecuado. Algo no siempre entendido por los productores de Hollywood que, en la última parte de su carrera, no sabían cómo vender las películas de este icono del cine independiente de los años 70; al final le dieran un rácano Oscar honorífico, en febrero de este año, después de cinco nominaciones fallidas a la estatuilla dorada.

    Pero, imagínense ustedes una bulla de 20 actores hablando a la vez, diciéndose cosas serias e intrascendentes al mismo tiempo, pero de tal forma que es muy difícil saber quién es serio y quién va en broma. Añadan a esto una música desconcertante que no tenga demasiado que ver con lo que estamos viendo, una letra que seguramente nos da una tercera versión sobre el asunto y ya, para terminar, supongan que la cámara se acerca lentamente en 'zoom' a algún punto inconcreto del plano. Diez contra uno a que es una película de Altman.

    Un caos muy bien organizado, sin duda, donde a menudo contó con la colaboración de actores de categoría, incluidos Shelley Duvall, Elliott Gould, Paul Newman, Geraldine Chaplin, Robin Williams, Keith Carradine, Hellen Mirren, Richard Gere, Kenneth Branagh y Glenn Close. La historia de este cineasta sin par la escribieron entre todos, porque ahí cabía y se fomentaba la improvisación, pero quien calculó la confusión, el caos y la ambigüedad exactas fue el jefe de pista: el genial rebelde Robert Altman.